¡Hola! ¡Buenos días, buenas tardes o noches! ¡Sea usted muy bienvenido/a a este su re-inaugurado espacio público! Pues bien, aquí estoy, después de exactamente 2 años de no escribir absolutamente nada en mi blog.
Debo admitir que me siento extraño, como si estuviera violando la privacidad de alguien, como si estuviera usurpando el lugar de alguien...la verdad es que esa extrañeza no es más que para conmigo mismo, y es que después de dejar de escribir por placer durante tanto tiempo, uno llega a sentirse ajeno a aquello que, en algún momento, era parte integral y cotidiana de su ser.
Si bien mis entradas no eran diarias, las hacía con suficiente regularidad para mantener la neurona activa, y si bien ésta no ha dejado de trabajar, sí ha perdido un poco la capacidad de improvisación y creatividad de la que sé que necesito en todo momento.
Sólo puedo explicarme (mas no justificarme) diciendo que las nuevas ocupaciones y los últimos sucesos grandes de mi vida me apartaron de la violación constante que aplicaba a las teclas de mi ya vieja, cansada, pero muy luchona lap-top. Y cada que algo venía a mi mente y tenía la necesidad de publicarlo: ¡PUM!, algo se atravesaba y no lograba concretarlo en una entrada digna de publicar...además, el re-descubrimiento y cada vez más frecuente uso de Twitter ( @AlvarRock ) encontré un peequeño desahogo en mi necesidad de escupir cada comentario espontáneo (y no tanto) que se venía a mi mente. Así pues, encontré un reemplazo momentáneo y (seamos honestos) que llegó a convertirse en insuficiente para mi innata verborrea.
Así pues, me fijé una meta: para mi cumpleaños número 23 comenzaría de nuevo esta alborotada locura de retomar mi blog. ¿Por qué esa fecha? Simplemente para experimentar y padecer la desfortuna de no escribir como solía hacerlo...una especie de experimento "autoflagelante"; como les dije, no sufrí taaaaaaanto, sin embargo, dentro del ejercicio mismo descubrí que el escribir, así sea algo tan banal como el transcurso de una semana o un paseo casi onírico por un recuerdo superfluo, es parte integral de mí...y que sin ella no puedo vivir.
No es lo mismo (Y NO SE ATREVAN A COMPARARLO) a escribir para el trabajo o escribir para mi tesis: la forma de hacerlo, así como el gozo obtenido son completa e independientemente distintos y por ello, uno no sustituye a los otros. De ahí la necesidad y la urgencia de volver a este hábito que había abandonado.
La última vez que escribí les hice un pequeño (LIAR!) resumen de mi vida, pero esta vez, y con motivo de mi cumpleaños, quiero hacer algo distinto: hablaremos de los hábitos (algo muy marcado en mi vida, y creo que en la de todos) y de por qué se abandonan los buenos.
Si bien no soy fan de la RAE (como muchos ya saben), de vez en cuando (MUCHAS VECES) también debo acudir a ella; pues bien, en la segunda acepción de la palabra HÁBITO nos dice que es:
adquirido por repetición de
actos iguales o semejantes, u originado por
tendencias instintivas."
Así pues, podemos deducir que un hábito es aquella conducta adquirida que deriva directamente de la repetición de uno u otro modo de actuar. Desde levantarse temprano, salir a correr, lavarse los dientes...y hasta frecuentar el mismo antro, hasta el uso del condón, pueden considerarse como un hábito. ¿Pero por qué abandonamos aquellos que nos resultan beneficiosos? La respuesta puede parecer sencilla, pero implica muchísimos factores: Sacrificio.
Llámale tiempo, sueño, o para resumir, placer, un hábito calificado como bueno o correcto implica el sacrificio de una u otra satisfacción (Y SI NO, PREGÚNTENLES A LOS QUE SE SOMETEN A UNA DIETA PARA BAJAR DE PESO SIN HACER EJERCICIO), ya sea corporal y/o espiritual. En mi caso, admito que el haber abandonado mi hábito de escribir por ocio se debió a la pereza de organizar la tormenta de ideas o el torbellino de emociones que se acumulaban en mí. Parte de escribir es eso, desahogarse, pero, a pesar de ser un arte (en la que debería imperar la espontaneidad y la emotividad), plasmar las ideas en cualquier medio, requiere de orden, prudencia y más orden. Pero en un mundo en el que la mayoría no ordena ni su propio cuarto, ordenar ideas y sentimientos parece una labor titánica. En mi caso, siendo un #GrammarNazi, ordenar y revisar implica un poquito más de esfuerzo, así que me daba UN POQUITO más de hueva que a las personas promedio. Así pues, en medio de tanto ajetreo laboral y sentimental, lo que menos quería era un "trabajo extra" que aunque sabía que podría traerme algo de sosiego, simplemente estaba muy harto para realizarlo.
No trato los "hábitos malos" porque todos sabemos que estos vicios son deliciosos y muy fáciles de digerir (aunque no algunas de sus consecuencias), la fuerza de voluntad y la disciplina no son cosas que sean muy necesarias para incurrir en ellos una y otra vez.
Entonces, lanzo la pregunta obligada: ¿QUÉ HÁBITO BUENO HAS ABANDONADO?
Ya sea el ejercicio, la lectura, dar los buenos días o llegar temprano al trabajo, te exhorto a retomar aquellos hábitos (TÚ SABES MUY BIEN CUÁLES) que has abandonado. Verás que, con retomar uno a la vez, e siguiente vendrá por añadidura. Sin más por el momento, me despido, esperando que la edad no haya vuelto más aburridas mis entradas, y que el tiempo no haya oxidado mi ya pobre destreza para imponer orden a mis descabellados disparates.
No hay comentarios:
Publicar un comentario